La epopeya Petrossian

Desde hace más de un siglo, la Casa Petrossian encarna la excelencia del caviar y de los productos de excepción. Fundada en París por los hermanos Petrossian, ha sabido preservar un saber hacer único a la vez que reinventaba los placeres de la degustación. Hoy en día, Petrossian sigue siendo la referencia mundial del caviar, símbolo de refinamiento y de la gastronomía francesa.

Los inicios en los años locos

Puesto en el Grand Palais

El símbolo del verdadero lujo

Alwyn Court por Berenice Abbott

El creador de una nueva era

Armen Petrossian en la tienda

En algunas cifras

Para saber más

De las orillas del Cáucaso a las luces de París

Antes de inscribir su nombre en los escaparates parisinos, Melkoum y Mouchegh Petrossian crecieron en el corazón del Cáucaso, entre tradiciones armenias, cultura rusa y apertura a Occidente. Políglotas y apasionados por el refinamiento, llevaron consigo una herencia de saber hacer, elegancia y gusto.

Las convulsiones de principios del siglo XX los llevaron al exilio en París, donde en 1920 decidieron escribir una nueva página de su historia. Allí nació la aventura Petrossian, símbolo de arte de vivir y de excelencia.

La dirección de una primera boutique histórica

Apenas llegados a París, Melkoum y Mouchegh Petrossian se atreven con una apuesta visionaria: abrir, en el boulevard de La Tour-Maubourg, una boutique elegante dedicada a un producto aún misterioso para los parisinos. Muy pronto, diplomáticos, escritores y gastrónomos descubren estas perlas negras venidas del mar Caspio, y la dirección se convierte en imprescindible. Al dar su propio nombre a la Casa y adoptar un emblema audaz, los dos hermanos afirman su identidad y su ambición: hacer brillar el arte del caviar en París.

La edad de oro de Petrossian

En los años 30, los hermanos Petrossian revolucionan la gastronomía francesa al abrir su propio taller de ahumado e introducir el salmón ahumado de alta gama en Francia. Sus creaciones, desde el caviar hasta los pescados ahumados, conquistan mesas míticas como Le Ritz, Le Maxim’s, Le Lido. En estas décadas fastuosas, artistas, escritores y cineastas celebran el arte Petrossian: de Cocteau a Piaf, de Visconti a Woody Allen, las perlas negras se convierten en un símbolo cultural y cinematográfico del lujo. Con la llegada de la nueva generación en los años 60, la Casa se impone como una referencia mundial de la alta gastronomía.

El auge mundial

A finales de los años 70, Petrossian cruza el Atlántico y se instala en Nueva York, donde su primer restaurante, abierto en 1984, se convierte en una dirección imprescindible del refinamiento francés. Durante este periodo, la Casa se impone como el principal importador de caviar soviético y hace brillar su nombre en las grandes capitales.

Pero el colapso de la URSS y la crisis del esturión trastocan el mercado. Armen Petrossian toma entonces las riendas e inicia un giro decisivo: apostar por el caviar de cría, garantizando calidad y sostenibilidad, a la vez que reinventa el modelo de la Casa.

El renacimiento y el arte del caviar

En 1994, cuando Armen Petrossian asume la dirección de la Casa, el mercado del caviar está en crisis. Visionario, anticipa el fin del caviar salvaje y se impone como pionero del caviar de cría, seleccionando con exigencia las mejores granjas asociadas. Bajo su impulso, el caviar se convierte en un arte, y la Casa crea innovaciones emblemáticas: Caviarcube®, Fleur de Caviar®, Papierusse®. Petrossian se afirma así como el guardián y creador de una herencia de excepción.

Entre herencia y modernidad

Desde 2010, Alexandre y Mikael Petrossian, hijos de Armen, llevan la Casa hacia una nueva era. Entre París y Nueva York, modernizan la empresa sin perder su alma: digitalización, desarrollo del comercio electrónico, apertura de nuevas boutiques en el mundo y creación de marcas inspiradas como Mantchouk, La Truffe par Petrossian o La Cave.

Fiel a su compromiso, la Casa actúa activamente para la preservación del esturión y el apoyo a proyectos sociales y medioambientales. Hoy, Petrossian ya no es solo sinónimo de caviar, sino un patrimonio vivo, que mezcla innovación, transmisión y refinamiento.